Los servidores públicos admiten que muy pocos de los casos de acoso sexual son denunciados, la mayoría porque no se les da la atención legal adecuada pero, sobre todo, porque las víctimas temen la venganza de sus agresores y porque no confían en las autoridades. Casi siempre, las demandantes terminan desgastadas por los largos procesos y sufren amenazas de sus atacantes. Generalmente, no hay el interés necesario por parte de la policía en dar seguimiento a estos casos y su primera reacción es juzgar a la víctima por la forma en que se viste y justificar al delincuente porque ella lo "provocó".